martes, 28 de octubre de 2025

El tipo espectral: la huella dactilar de cada estrella

El tipo espectral: la huella dactilar de cada estrella

Después de aprender a interpretar los espectros estelares, el siguiente paso es clasificarlos. Cada estrella muestra un patrón de líneas característico, que refleja su temperatura, composición química y estructura atmosférica. Para ordenar esa gran diversidad, se desarrolló un sistema de tipos espectrales, que hasta el día de hoy sigue siendo una de las herramientas fundamentales de la astrofísica.

La secuencia OBAFGKM

Las estrellas se agrupan según su temperatura superficial, que a su vez determina su color dominante y el aspecto de su espectro. La clasificación se expresa con letras: O, B, A, F, G, K y M, desde las más calientes (azuladas) hasta las más frías (rojizas).

Tipo Color Temperatura (K) Ejemplo
O Azul 30.000 – 50.000 Zeta Puppis
B Blanco-azulado 10.000 – 30.000 Rigel
A Blanco 7.500 – 10.000 Sirius
F Blanco-amarillento 6.000 – 7.500 Procyon
G Amarillo 5.000 – 6.000 Sol
K Naranja 3.500 – 5.000 Arcturus
M Rojo 2.000 – 3.500 Betelgeuse

Una mnemotecnia útil

Para recordar el orden de las letras, se suele usar una frase mnemotécnica clásica en inglés: “Oh Be A Fine Girl/Guy, Kiss Me”. También pueden inventarse variantes propias en español: “Oye, Buen Astrónomo, Feliz Gran Kilómetro Mágico”. Lo importante es recordar que el orden va de las de mayor temperatura a las más frías.

Más allá de la letra

Dentro de cada tipo espectral, las estrellas se subdividen con números del 0 al 9 (por ejemplo, G2 o K5), para reflejar diferencias más sutiles en temperatura. El Sol, por ejemplo, es una estrella de tipo G2V: “G2” indica su temperatura intermedia y “V” que pertenece a la secuencia principal, es decir, que está en la etapa más estable de su vida.

Esta clasificación no solo describe el color o la temperatura, sino que permite estudiar la evolución estelar, identificar cúmulos de distintas edades y comprender cómo se forman y envejecen las estrellas en el contexto galáctico.

Por Karina Azambuya

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